Supo que lo querría con toda su vida…
Con todas sus entrañas…
Y eso hizo…
Lo quiso con sus ojos…
Con sus pestañas…
Lo quiso con sus manos…
Con el aire de sus pulmones…
Lo quiso con sus labios…
Mudos…
Con sus muslos…
Deshabitados…
Con su sexo…
Dormido…
Lo quiso tanto…
Que olvidó respirar…
Y solo se alimentaba de los besos que el dejaba en el cenicero…
Cuando ella despertaba…
El cerraba los ojos fuerte…
Ignorando toda caricia que ella tejía en su cuerpo…
Y si el bebía cada uno de sus huesos…
A ella no le dolía el hambre…
Lo quiso tanto…
Que se le olvido que lo quería…
Y olvido…
Que no lo quería…
Y lo quiso…
Hasta el final…
Cuando el no quiso desayunarla nunca más…
Ella, untada en mantequilla…
Se lamia las lágrimas…
Donde esta la mermelada que endulzaba sus días?
A su lado…
Pero sin el…
Donde están las palabras que adornaban los silencios…
Que ella soportaba sobre su espalda…
Y ahora…
Siempre grita el sol…
A los que bajo sabanas vivían…
Y esas sabanas…
Ya no son sabanas…
Solo son recuerdos…
Muertos…
